Semanario Digital - La Rioja, Miercoles 01 de Septiembre de 2010
Año 4 - Edición 224
Un grupo de científicos instalados en Anillaco dialogó con DataRioja

El CRILAR investiga al ultutuco riojano

Verónica Valentinuzzi es la jefa del laboratorio de Cronobiología del CRILAR en Anillaco, donde junto a otros cinco profesionales y técnicos investiga vida, obra y milagros de nuestros nunca bien ponderados ultutucos. Esta científica bonaerense-tucumana estuvo radicada en Brasil y en los Estados Unidos, y volvió a Argentina para quedarse en las agrestes serranías de la Costa.

Tal vez sea porque el mítico conjunto folclórico tucumano se llama igual que ellos, o porque su nombre suena a ritmo de tambor, la cosa es que decir ututuco o tucu-tucu trae aires de fiesta. Claro que si decís “ctenomys knighti” –y no sabés bien qué remedio te están recomendando- utilizás el nombre científico de los referidos roedores. Como sea, los que no andan de fiesta - pero igual hacen su trabajo con mucha alegría- son los seis investigadores (incluyendo tres becarios brasileños y una argentina) que integran el Laboratorio de Cronobiología del Centro Regional de Investigaciones La Rioja (CRILAR), enclavado en la afamada localidad de Anillaco, en la Costa riojana.

El equipo está conformado, además de Valentinuzzi y Paliza, por la licenciada tucumana Lucia Krapovickas -alumna de doctorado-, y los brasileños Bárbara Mizumo Tomotani, Patricia Tachinardi y Danilo Flores -alumnos de maestría de la Universidad de Sao Paulo-.

La coordinadora del Grupo de Estudio sobre Cronobiología y jefa del laboratorio homónimo, Verónica Sandra Valentinuzzi nació en Bahía Blanca y se recibió de ingeniera Zootecnista en Tucumán.

También realizó una maestría en Ciencias Biológicas (Fisiología) en el Instituto de Biología de la Universidade Estatal de Campinas (UNICAMP) en Brasil. Es doctora en Ciencias (Fisiología) en UNICAMP con un Programa de Doctorado “sandwich” en el Center for Biological Timing: Circadian and Seasonal Rhythms, Department of Neurobiology and Physiology, Northwestern University, Illinois, Estados Unidos. Tiene un postdoctorado en el Departamento de Fisiología, Instituto de Biociências, Universidade de São Paulo (USP) de Brasil. Valentinuzzi está casada con José Paliza, técnico de laboratorio con quien comparte su trabajo en el CRILAR, y son padres de Máximo, de 5 años.

DR: -Entrando en tema ¿qué es la cronobiología?
-Verónica Valentinuzzi (VV): -Es el estudio de la organización temporal de los organismos vivos. O sea, estudia los ritmos biológicos presentes en todas las variables de un organismo, así como los “relojes biológicos” que generan estos ritmos.

DR: -¿De qué sirve conocer el ritmo biológico de determinadas especies?
-VV: Los organismos de toda la escala filogenética, desde organismos unicelulares hasta el ser humano, poseen relojes internos que organizan sus funciones bioquímicas, fisiológicas y comportamentales. Esto no sólo es importante para un funcionamiento armónico del organismo como un todo, sino que permite que el organismo se adapte adecuadamente al medio ambiente, que a su vez es claramente cíclico -alternancia día/noche-, y todo los ciclos ambientales asociados, como disponibilidad de alimento, ciclos de temperatura, etcétera). O sea, gracias a la presencia de relojes biológicos cada organismo realiza lo correcto a la hora correcta.

La biología tradicional estudiaba solo las relaciones espaciales. Con el surgimiento de la cronobiología como disciplina formal, hace unos 50 años atrás, se pasó a reconocer que la dimensión temporal es esencial para caracterizar integralmente un sistema biológico. Un ejemplo claro de la importancia de estas relaciones espaciales son los seres humanos: estamos despiertos y activo durante el día -somos diurnos.

Para que esto sea así, diversas variables fisiológicas están en sus máximos niveles durante el día -cortisol sanguíneo, temperatura corporal, presión arterial, nivel de atención, velocidad de reacción, etcétera- en tanto que otras están en sus niveles más bajos -melatonina en sangre y hormona del crecimiento, por ejemplo-. Cuando dormimos a la noche, la situación se invierte. Esto no es al azar, ni es una respuesta a las condiciones externas, si no que nuestro reloj biológico -localizado en el cerebro- está orquestando nuestro organismo para que todo ocurra en el momento que debe ocurrir y de forma sincronizada con el medio ambiente.

DR: -¿Qué avances han logrado usted y su equipo en este campo?

-VV: Nuestro equipo está centrado en el estudio de un roedor subterráneo autóctono de La Rioja: ctenomys knighti, el conocido tuco-tuco o ultutuco. Es una especie que nunca fue estudiada desde ningún punto de vista, y menos todavía desde una óptica cronobiológica. En esto tres años hemos avanzado mucho en el conocimiento general de este roedor.

Había una tendencia fuerte a pensar que animales subterráneos al no estar expuestos a los ciclos completos de alternancia día/noche tenían escasa organización temporal. Nuestro estudio en los tucos ha demostrado que poseen un sistema de temporización circadiana funcional manifestando robustos ritmos de actividad/inactividad asociados a claros ritmos de temperatura corporal. En laboratorio son claramente nocturnos, y a pesar de ser esencialmente subterráneos, responden muy bien a la luz, sincronizándose precisamente con el ciclo claro/oscuro, y poseen relojes que responden diferencialmente a pulsos de luz según la hora del día, entre otras características.

Todo esto torna a estos animales un excelente modelo para el estudio de relojes biológicos. Aparte de los estudios en la organización temporal, estamos realizando estudios comportamentales de aprendizaje y memoria, estudiamos también la dieta y preferencias alimenticias, así como el efecto de los animales sobre el medio ambiente: por ejemplo los ultutucos tienen un importante papel como dispersor de micorrizas (hongos que ayudan a las plantas en la absorción de agua y sales minerales).

Está de más decir que cuanto más conozcamos de la biología de una especie, más fácil se torna conservar la misma, así como el medio ambiente del cual forma parte, y obtener diversos beneficios extrapolando conocimientos adquiridos a otras especies, inclusive la nuestra -guardando los debidos recaudos- y permitiendo un manejo sustentable del medio.

DR: -¿Por qué razón realizó investigaciones en el extranjero? ¿Cómo fue su experiencia personal y profesional en esa circunstancia?

-VV: Tenía muchas ganas de conocer cómo se trabaja y cómo se encara la ciencia en otros lugares. Estuve 16 años en el exterior. Tres años en Chicago, Estados Unidos, y el resto en Brasil (Campinas, Sao Paulo y Natal). Obviamente, pasé por muchas dificultades de todo tipo, económicas, profesionales y personales, pero eso es lo normal y es parte de la formación de una persona. Lo cierto es que el balance fue excelente. Volví con otra mentalidad, con una visión más global, con el perfeccionamiento de dos idiomas, conviví con personas que tuvieron un importante papel en mi crecimiento e hice contactos que hasta hoy perduran a nivel profesional.

DR: -¿Cómo, cuándo y por quién fue contactada para volver a investigar a Argentina?
-VV: Quien era vicepresidente del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) en la época, el doctor Ricardo Farias -enero de 2006-, me comentó sobre el interés que la institución tenía en repatriar investigadores y me sugirió que entre en contacto con el director del CRILAR, el doctor David Gorla. Lo hice, preguntándole si aceptaría que me presente al CONICET con lugar de trabajo en el CRILAR. El doctor Gorla felizmente estuvo de acuerdo, presenté un proyecto, currículum y demás documentación y un año después recibí una respuesta positiva, por lo que en marzo de 2007 ya estábamos instalados en el CRILAR con mi familia.

DR: -¿Por qué razón eligió el CRILAR?
-VV: Por dos motivos: uno profesional, las grandes Universidades y las grandes ciudades están cada vez más competitivas, más llenas de gente trabajando en los mismos y tradicionales modelos animales. El CRILAR ofrece un excelente lugar para trabajar con especies nunca estudiadas, en un campo experimental natural y prácticamente inexplorado. Segundo, queríamos un lugar tranquilo y seguro para criar a nuestro hijo y estar más cerca de mi familia después de una ausencia de 16 años.

DR: -¿Cómo ve el estado de la investigación en ciencias biológicas en Argentina, respecto de donde estuvo residiendo?
-VV: La Argentina ha tenido y tiene expertos en biología de primerísimo nivel -como Florentino Ameghino, Miguel Lillo, Eduardo De Robertis, Christian Olrog, entre otros-. Muchos llegaron en la posguerra y le han dado una base sólida a nuestro país. Si bien hubo un período de vacas flacas, durante y después de la dictadura, creo que hay una fuerte tendencia a mejorar gracias a que hay muchos profesionales emprendedores que dan lo mejor de si -Eugenia Sacerdote de Lustig, Diego Golombek, Daniel Antinuchi, entre muchos otros-.

DR: -¿Y la formación de profesionales y técnicos?
-VV: Es variable. En Argentina hay excelentes profesionales y técnicos pero también están los que no lo son tanto.

DR: -¿Qué medidas recomendaría a los gobiernos para mejorar esta situación?
-VV: El avance del conocimiento es crucial para el avance e independencia económica y cultural de un país y, por lo tanto, para el bienestar de sus habitantes. Una proporción considerable -no sabría decir cuánto- del presupuesto nacional debería estar destinado a la educación e investigación. Junto con la salud deberían ser prioridades. La creación reciente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva probablemente sea un indicio que la valorización de estas áreas está en camino a mejorar.

La vida desde la ciencia
DR: -Yendo a otro ámbito ¿qué opina sobre la posibilidad de que personas del mismo sexo contraigan matrimonio, y tengan o adopten hijos?
VV: -Creo que todo es muy relativo. Si hablamos de personas éticas, respetuosas, que son de valor para sociedad, el medio ambiente y los animales en general; personas que buscan hacer el bien como lo que mencioné antes sobre lo que considero es el objetivo de cada ser humano, no me importa con quien se casan o dejan de casar. Ya valen por esa contribución fundamental. Y si tienen estos valores y adoptan hijos, ¿que más queremos? Les pasarán los mismos principios a sus niños, que -caso contrario- estarían en orfanatos o en las calles sin muchas expectativas.

DR: -¿Qué consecuencias ambientales tiene la explotación minera a cielo abierto?
VV: -Contamina y destruye. Da trabajo por un tiempo, mientras la mayor parte de las ganancias salen del país. Cuando se agota la mina, las compañías se van y abandonan todo. Desaparecen cerros y paisajes. Poco positivo queda.

Texto: Jorge Brizuela Cáceres
Redacción DataRioja
28/ 07/ 2010

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