El delito se recicla y ya ha logrado incorporar algunos cómplices. Son los que aceptan comprar objetos robados a bajo precio. En algunos casos son los propios dueños, en otros, oportunistas. Lo que mejor cotiza: tecnología, motitos y bicicletas. La Policía sostiene que la Justicia debería castigar también a los que compran.
Los robos a mano armada y el raterismo en la ciudad capital crece a ritmo sostenido, pero la novedad que hace furor es que la víctima del hurto es el primero en la lista de “clientes” de los ladrones a quienes acuden a ofrecerle a “muy buen precio” lo que le acaban de robar.
La computadora portátil que necesita para trabajar y que con tanto sacrificio logró obtener, la pantalla plana para ver el próximo mundial y que le costó una larga discusión con su mujer, el celular con máquina de foto que logró comprar en 24 cuotas y recién va por la primera, o la motito que compró a medias con su hermana porque ya no quiere minutos interminables esperando el colectivo, entre otras tantas cosas, son los objetos que mejor cotizan en el mercado de los robados. La particularidad es que hoy los ladrones son un poco más sofisticados. Luego de la sustracción, los autores del delito tienen identificados a los dueños, y con un intermediario le ofrecen lo que acaban de robarle por un precio accesible en relación al costo general de todo lo que se llevaron.
También están los que tal vez hace años vienen deseando una buena cámara de fotos para retratar eventos familiares pero sabe que no puede comprarla y de repente, alguien le ofrece la que soñaba por unos pocos pesos.
En general, quienes acceden a comprar de este modo también son cómplices del delito de hurto, explica el Comisario a cargo de la Primera, Walter Ramón Peryra. En diálogo con DataRioja confirmó que la nueva tendencia es que los ladrones intenten ubicar el motín entre sus legítimos dueños primero. “En esos casos nosotros recomendamos que la gente haga la denuncia en la policía para poder actuar, pero a veces la gente hace un acuerdo propio con los ladrones”, explicó el Comisario. Un caso concreto fue cuando una señora denunció que le robaron la moto y cuando la policía estaba ya cerca de encontrarla la mujer logró recuperarla sola pagando 500 pesos. Si bien ese caso dentro de todo terminó bien para la damnificada, el policía recordó que en otros además de ser víctimas de robos son presa fácil del cuento del tío. Les prometen que van a devolverle los objetos si pagan y luego terminan llevándose todo, el dinero del rescate incluido.
Respecto a la responsabilidad penal que le cabe a quien compra objetos robados, Pereyra recuerda que quien lo hace se arriesga a ser castigado aunque reconoce que en La Rioja la Justicia en general no sanciona a quienes obtienen objetos productos de un hurto. “A pesar de que nosotros vamos a la casa del que lo compró cuando lo descubrimos y lo obligamos a que devuelva, el juez lo registra como entrega voluntaria y no los sanciona”, explica Pereyra, por lo tanto el círculo vicioso se reproduce continuamente.
El Comisario señaló que se trata de patotas que “se creen las dueñas del mundo” y la estrategia ya no es robar electrodoméstidos, sino solo pantallas, computadoras, celulares y cámaras de fotos, que son las más fáciles de reducir.
Además, los ladrones tienen muy claro a quién le van a ofrecer lo que robaron y en eso la comunidad también tiene su responsabilidad. Por ejemplo, un caso que se repite con frecuencia aquí y en otras ciudades es el robo de lo medidores de taxi que luego son ofrecidos a los mismos taxistas.
Vergüenza ajena y final feliz
Y como La Rioja es chica, no cabe duda, en algunos casos la vergüenza y el arrepentimiento pesan más y los hechos se terminan esclareciendo. Un caso digno de destacar es el que le sucedió a una profesora de arte de La Rioja a la que le robaron dinero y una notebook de su casa en barrio municipal.
Los ladrones no se llevaron la batería de la computadora por lo tanto no pudieron prenderla y borrar su contenido, y la terminaron vendiendo por 700 pesos cuando su valor de mercado es de 2500 o 3000. Lo cierto es que la maquina fue comprada por un señor del centro de la ciudad quien recurrió a un técnico para que se la prendiera ya que la había comprado sin cargador. Cuando el técnico logró encenderla lo primero que vio fue la foto de la dueña con su hijo, y para mala suerte del “comprador”, el técnico los conocía. Así que felizmente la dueña recuperó su computadora y quien la había comprado la llamó para disculparse y hacer una autocrítica ya que además del “calor” que pasó, perdió 700 pesos.
Redacción DataRioja
01/02/ 2010